Jim. 16. Mexico City. Bilingual writing blog

Have you ever wanted to disappear?
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And you ponder how the fuck you fell in love as you sip the bitter coffee that, if anyone asks, is great, thank you and no, you don’t need sugar or milk because sweetness feels foreign on your tongue and you have a hermit crab complex of slipping further into yourself if someone starts getting too close to you as has happened way too often now, or if they poke you with a stick.

So in that self-obsession, you ponder about cores and abstraction and about your aversion to oversimplification or simplicity in itself but sometimes you can’t help but get to it as you deconstruct your rights and wrongs over and over and over, creating different parts of yourself that took each and every one of those choices and seeing every single part of them change because of that one choice of leaving early that morning or of taking the bus when you could’ve walked home and see the sky loose its depth because goddamn, are there too many buildings around you and anyone else would feel small but you feel in control between them, even if you miss the sunset and how the blue seems to break into other ten different colours but at least you’re here alone and that’s how you’ve always preferred being, or so you tell yourself.

But it’s not as easy and abstraction becomes an elaborate lie about basic simplicity to turn your back to reality but reality’s a bitch and it will come and slap you in the face if it needs to, probably because this coffee is so fucking bad and you’re drinking it anyways, pondering how, when they call love “simple”, it is a lie and they are all liars almost as big as you are and how they deny themselves to the innumerable shades of it with everyone they might meet just like you choose to deny yourself of the sky everyday but one, when you went to the roof and stayed there for hours singing and crying about how you felt so lost and how you’re not a crab but a goddamn person and how you don’t feel like one and how you would choose not to feel.

"Hey. Were you waiting long?"

Not feeling a thing would be simple.

"Nah, it’s fine."

At least it’s a lie you can also live with.


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Son meses los que vivo con palabras prestadas. Se vuelve una mezcla de admiración hacia su calidad y frustración absoluta con la falta de material. O, más bien, con la falta de creatividad y/o inspiración.

Seamos sinceros, a nadie le interesa leer sobre un constante sentimiento de desesperanza dado que ésta siempre es estacionaria. Si no es lo suficientemente terrible, se vuelve rutinaria. Tocas fondo y todos saben que no puedes caer más bajo. La apatía es hasta bienvenida. Ya no tienes nada que perder.

Aún así, supongo, es imposible dejar de oír historias. Buenas o malas, influye más en su cualidad de permanencia qué tan involucrado estés en ellas y con eso, que tanto te puedas desapegar.

Para eso sirve escribir, me han dicho.

Yo qué sé de que me sirve, la verdad.

No sé de que les sirva a ellos tampoco. Un pueblo en la montaña, que llora con nostalgia sus bosques y sus arroyos pero que enfrenta con el entusiasmo adquirido en el consumismo a las gigantes carcazas que se alzan frente a ellos creando estrellas en líneas paralelas.

Esa ventaja geográfica, sin embargo, que poseen frente a una cantidad innumerable de otros pueblos perdidos que no tienen la fortuna de estar bajo el ala de la creciente metrópolis, no impide que se desarrolle lo que yo desde fuera puedo nombrar como la constante “recolección de vidas”, tratando de desapegarme del morbo que tal nombre puede generar.

Ésta recolección se refiere simplemente al hábito de rondar tanto literal como figurativamente y saber el estado de la gente con las que has compartido un espacio definido (ya sea calle o el pueblo entero) desde que puedes o quieres recordar. Lentamente almacenar en la memoria las generaciones que, atadas originalmente a ese lugar, se siguen desarrollando y creciendo.

Justo cuando crees que estás a punto de desbordar, que son demasiadas las penas y alegrías que circulan tu casa, donde también viven tus hijos y sus hijos y tal vez los hijos de éstos cuando llegue el momento..

Y en ese remolino de recuerdos, se muere Arturo.
Un ataque cardiaco, te dice Bárbara, aunque su madre detrás de ella lo niega con la cabeza, más triste y sobria de lo que jamás la viste en vida.
No le preguntas más a ninguna. Los muertos no hablan si no son mentiras y los fantasmas no existen.

Y en el mapa de tu memoria se va apagando la familia que vivía al terminar la calle.
Aún así, no puedes, podrías, podrás olvidarlos.
Incluso con tus hijos y tus nietos y los hijos de tus nietos,
no tienes porqué.

Ellos también vivieron allí.


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Desvanecerse en pixeles. Sentir las curvas fraccionarse y fraccionarse y fraccionarse y fraccionarse…..

El ruido blanco que se descompone en el arcoiris de sonidos. Bajos y altos que conservan el eco etéreo de su iteración anterior.

La visión estroboscópica que no te ofrece explicaciones. Estás ya en el siguiente cuadro, la siguiente memoria, sin transiciones. 

Y de lo físico nos volvemos datos. La abstracción involuntaria de los números.

Una sutil y brillante línea flotando sobre las cabezas. Sin cuerpo o consciencia contenida.

Parte de todo, para siempre.


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You say after dark and I can barely see you sitting there.

The curtains drawn but not all the way through, your bed unmade to pretend you’ve been sleeping.

(I’ve never known you even slept at all)

And you imagine the lights that only the screen can show you, 

and the lives that you’ve lived and the people you’ve loved

with a bottle on one hand and your lipstick smeared on someone else’s cheek.

What’s so nice about the darkness? The endless space to imagine?

The dreams that fill your messy room with the curtains drawn that never let you see the bridge outside or the lights above.

I love you so much, you whisper.

The dark does not respond. You never taught it how.


  prose    in english    graphemes in line  

It’s more of a wake up call.

The taste of bile in my mouth, my sweaty back.

Wide-open eyes and panting.

I’m scared. You’ve known that since the beginning. 

Come up with me, to the rooftops. The stars shine bright up there. I’ve only done it once before but I know I want to do everything with you.

No matter how much I drink up, I never seem to forget the taste.

I don’t like waking up.

The sun slips through the cracks of my blinds, right into my eyes.

This place is too white and cold for just one of us.


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Yo siempre te pensaré en estrellas.
Colores condensados en un sólo rayo, un punto en el vacío, la primera dimensión.

Más lejos de lo que jamás nos daremos cuenta.

La primer persona que hizo una pantalla la vio prenderse uno a uno. Pequeñas fracciones de color condensado que lo hicieron volver a esa noche de la cuál nunca estuvo seguro.

Esa vez cuando el mundo se movía y logró sentirlo. Cuando las estrellas titilaban como las luces de los coches en el camino de regreso. Cuando tu pelo era su único aroma, tus manos su único sentido y la luz se volvió música que nunca pudo volver a repetir.

Menos desde que te fuiste.

No hasta que la pantalla encendió y decidió que la música y la luz estaban ahí y el movimiento circular y repetitivo de sus días se había terminado.

Desde ese día no te he vuelto a extrañar.


  prosa    en español    graphemes in line  

Siempre he tendido a creer que las cosas van a mejorar.

Ver a Doña Julia hacer su casa, por ejemplo ¿Quién lo hubiera creído?
Con ese marido que se consiguió y ni para una casita le había alcanzado.

Y ahora, hasta gente se trae de otros lados para dizque entretenernos y que nos quiere hacer un teatro y no se que otras cosas.

A mi ni me da tiempo. Con los niños y el trabajo, no sé ni quién va a sus eventos esos.

Pero así es la vida de unas gentes. Si se tiene, se tiene. La suerte no hay ni a quién una se la pida.

Una vez me invitó a su casa. Había una de gente y los perros que tiene jugaban con los niños o sacaban la lengua junto al asador de ladrillos. El patio, mitad pasto verde como ya no había visto y mitad cemento tan blanco. ¡Cuanto tiempo que se ha de pasar fregándolo!

La casa era toda de ladrillo y metal. 3 pisos sobrios y elegantes. De esas que una solo se imagina de las revistas. Su hijo se la hizo. Un día, me dijo, le voy a enseñar todos esos planos a mi mamá. Para que vea lo bonita que le quedó su casa.

Después se murió Doña Julia y pues ahí quedó. Siguió viniendo por sus pulseras al otro jueves. Ese día me dijo de la parrillada el sábado  y por eso estaba ahí.

La casa está embrujada, me dijeron mis vecinos, usted tiene una familia, no se meta con los espíritus. 

Yo los contesté con una mirada, les di las gracias y me fui. ¿Por qué iba yo a desconfiar de mi amiga y confiar en esos que sus niños lanzan sus pelotas a mi jardín y sus gallos apestan?

No sé porqué Julia se hizo su casa en medio del pueblo. Con tanto edificio que están haciendo, justo pasando la barda.

Pero ese día yo comí y vi a los niños jugar y platiqué con esa gente importante que traía sus carrazos (“¿Qué no sabe que si se para así le va a dar torticolis? Aquí traigo una pomada y con una sobada ya queda”) y cuando empezó la lluvia, vi hacia el cielo y solo vi los edificios de enfrente, todos con sus luces prendidas, como de las luciérnagas que había tantas por acá.

Y Julia se rió tanto de todo y me invitó a quedarme y como le iba a decir que no, ¡si aquí ni pasa el tiempo! 


  prosa    en español  

"Odio todo lo que has sido, todo lo que eres, en lo que te convertirás." le dices al viento que enfría mientras la luna sube.

Desplegada la ciudad a tus pies, como siempre has querido. Despreocupado, como siempre sales en todos esos encabezados. 
(las luces te ciegan entonces y estás desprotegido)
(las luces te ciegan ahora y estás asustado)

¿Qué haces aquí arriba? La altura te ayuda a pensar.
¿Por qué piensas ahora? Es mejor que sentir.
¿Qué sientes? …..

Lanzas el cigarro al vacío, observando la caída en cámara lenta.

Recurso más pendejo, piensas.
¿Para qué querría que mi vida durara más tiempo?

A la colilla no le importa. Ella sigue bajando.
En realidad, a ti tampoco.
La sangre que mancha tus mangas es prueba de eso.

Deberías curarte esas heridas. Antes de que empiecen a preguntar.

Entonces te alejas de las luces que te enceguecen, del frío que te llega a los huesos.

Y lo odias todo, para siempre.

A todo menos a ti, dices.

Y lo crees.


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